Muchas veces me he preguntado, en esos momentos que defino como espacios introspectivos, ¿soy realmente feliz? y cada vez que repito esa pregunta me queda un gusto amargo por no encontrar una respuesta que me satisfaga por completo.

Dependiendo del día, de las circunstancias e incluso del clima podría decir que si, soy una persona feliz…. No puedo quejarme, tengo comida, una familia, amigos y puedo satisfacer no todas, pero si la gran mayoría de mis necesidades y caprichos materiales.
Pero cuando me quedo solo, mirando el reflejo de mis sentimientos siento que no lo soy realmente… Y no se trata de lo que tenga o pueda adquirir, no es cuestión de POSEER sino de SER, de verme completo en esos aspectos que no pueden llenarse con lo tangible. He aprendido a lidiar con esto, a buscarle el sentido a todo lo que acontece, a todo lo que percibo y sobre todas las cosas a todo aquello que llega repentinamente e impacta como una flecha directo a ese lugar, donde vibro, donde pululan en manada todas las emociones juntas.
Como un acto casi desesperado de encontrar en ese «buscar sentido» destellos de felicidad, o mejor dicho motivos para serlo. No me angustio, no me mal interpretes… es que no puedo ver pasar la vida día tras día en una caravana de nada conformándome tan solo con aquello que tengo o puedo tener.
Egoísta y posesivo sentimiento mediocre que socava lo realmente importante y valedero, que termina desgarrando el alma y encerrando en un frasco lo que tengo de humanidad, sin poder compartir, ni servir o sentir… En definitiva sin darme la oportunidad de responder en mis momentos flacos si realmente SOY FELIZ…
